miércoles, 23 de abril de 2014

La Semana Santa en Yapú.

La Semana Santa en Yapú.

A mi sorpresa, esta semana santa ha sido hasta hoy en la que más he rezado en toda mi vida.
El miércoles, llegó a Yapú un diacono paisa que puso a rezar a todos en Yapú con el propósito (digo yo) de perdonar cuanto pecado se había conocido en el caserío del Vaupés desde su origen hasta hoy.

No fue el único que llegó con la idea de limpieza absoluta del lugar. Daniel Beltrán (mi novio divino) también llegó con el propósito de limpiar de cuanto virus o malware pudiera existir en los computadores, dispositivos y USB´s existieran n Yapú. Duramos varios días en la tarea de instalar antivirus, y actualizar cada computador, tarea que llevó tiempo de más debido a la lentitud de la conexión a internet. Pero Daniel se las arregló para acelerar el proceso con triquiñuelas varias que solo él habría logrado.

Para el domingo de resurrección estaban saldados todos los pecados de Yapú, quedamos limpios de virus y protegidos contra amenazas futuras.

El diacono paisa, tuvo la excelente estrategia de pedirnos carismáticamente el acompañamiento en lecturas y delegó responsabilidades a varios grupos de la comunidad y del colegio para cada una de las estaciones del viacrucis.

Para el jueves santo, ya habían varios docentes encargados de las lecturas de la misa de las 3pm, la cual duro aproximadamente dos horas y 30 minutos. Hubo representaciones, la ceremonia del lavado de los pies a los 12 apóstoles (entre ellos profesores y Daniel), a quienes les fueron lavados y besados los pies por parte del diacono.

Jueves Santo: Daniel participando en la ceremonia del lavado de pies.

El viernes santo, día del viacrucis. Algunos se levantaron muy temprano en la mañana para organizar las estaciones, otros dormimos hasta un poco más tarde. Las estaciones estaban ubicadas desde la pista de aterrizaje hasta la iglesia. La ceremonia comenzó a eso de las 10am, a pleno sol ardiente. Un verdadero viacrucis.

Viernes Santo: El viacrucis en Yapú

En cada estación uno de los encargados hacia la lectura de lo que había sucedido y debía hacer una reflexión para la vida. La cual era complementada por 10 minutos de sermón por parte del diacono. Había un señor haciendo el papel de Jesús, si no fuera porque la cruz no era tan pesada y porque la corona de espinas era de palma, el calor y el cansancio del pobre hombre, hacían una buena representación de la historia real.

Siendo las docentes del colegio de Yapú, nos asignaron una estación: “La Verónica enjuga el rostro de Jesús”. La Verónica fui yo! Mi breve reflexión fue acerca de agradecer a Dios por poner personas necesitadas en nuestro camino, pues al ofrecerles nuestra mano, es la única manera de servirle a Dios verdaderamente. El diacono complementó con 10min diciendo lo mismo. Y así continuamos hasta la estación final, a la cual llegamos a eso de las 12:30pm.

Almorzamos y continuamos con una misa a las 3pm, también se tomó sus casi 3 horas. Acompañada de varias lecturas, cantos y varios salmos responsoriales, los cuales eran leídos por profesores y líderes de la comunidad llamados a lista por parte del diacono.

Anunciaron que a las 6:30pm se llevaría a cabo la ceremonia del sermón de las 7 palabras, en la cual yo tenia asignada la 4ta. Finalmente, a esa hora cayó un aguacero torrencial y Daniel y yo asumimos que ya se habría cancelado y no fuimos. Al día siguiente el Diacono Ferney, comentó acerca de nuestra falta.

El sábado santo, la última misa a las 6pm! ultimas 3 horitas en la ceremonia de la luz. Todos los asistentes llevaban consigo una velita encendida por un rato, porque se habrían derretido al menos 3 velas en la misa si las hubiéramos dejado prendidas todo el tiempo.
Sábado Santo: Ceremonia de la luz
Después de todo las ceremonias fueron bonitas, pero si es de recordarle a los líderes religiosos que no hay que abusar de la fe de los seguidores.

Entre tantos días religiosos mientras transcurría la semana santa, también compartí espacios inolvidables con Dani, quien vino a acompañarme 6 días en Yapú. Fuimos de paseo en deslizadora por el río hasta la cachivera Yapará (así se le llama a todo lugar en el río en donde el agua toma fuerza y velocidad ya sea por piedras o por diferencia de alturas, no es propiamente una cascada).
Daniel en la Cachivera Yapará
Yo, en la Cachivera Yapará
Vimos la salida de la luna llena en el horizonte de la selva, un espectáculo inolvidable además de muy romántico! La luna nunca queda bien las fotos normales. Asi que no quedo registro fotográfico, pero si
uno de los mejores recuerdos en mi memoria.

Vimos las costelaciones y el cielo con sus millares de estrellas que durante otra noche sin luna nos permitió disfrutar de un paisaje estelar increíble.

Paseamos a un lugar llamado la playa, en donde la arena es suave y blanca a la orilla de un río más tranquilo. Fuimos guiados por un grupo de niños que se bañaban desnudos y parecían de otro mundo! jugaban a nadar entre nosotros jugando ponchados escondiéndose detrás y delante de nosotros debajo del agua para no ser vistos. Como el agua es bien oscura y rojiza, a una profundidad de 50cm, no se ve nada.

Comimos ranas cocidas! Saben a pollo sudado mucho tiempo, es una carne muy blanda y pálida.
Comimos muchas naranjas, lo único que Daniel se llevó para Bogotá, pues eran muy ricas y tampoco había mucha variedad de artículos para llevar a la ciudad. Además me regalo una navaja súper para pelar naranjas!

Caminamos bajo la lluvia. Disfrutamos de las tormentas. Visitamos la maloca. Tomamos cocacola tibia, pues en Yapú no hay neveras! Disfrutamos tardes de lectura en hamaca! Tuvimos baño de río obligado pues no hubo agua en la ducha por varios días.

Daniel visitando la Maloca.

Dormimos bajo el calor y la humedad del toldillo y una camita sencilla para dos grandecitos como Dani y yo.

Con todo! fueron días inolvidables e increíbles! 


Gracias por venir mi amor!

Hasta pronto!!! :(








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