viernes, 28 de marzo de 2014

Llegada a Yapú.


Me vuelo sale a las 7:55am con parada en Villavicencio. En el avión conocí a Jenny, una indígena de Mitú quien venia de visitar a su esposo en el Huila, un militar. Jenny me acompañó todo mi recorrido y le conté el porqué de mi visita en Vaupés. Me iba a enseñar ciencias a comunidades indígenas del Vaupés.

Jenny y yo hicimos la conexión en Villavo para salir hacia Mitú, a donde llegamos a eso de las 11:00am. En Mitú hacia un calor infernal y a la banda de repartir las maletas no le cabían mas de 6 maletas, y el vuelo venia completamente lleno de pasajeros, aproximadamente éramos unos 50 pasajeros. El cuarto no era muy grande y el calor humano hacia difícil la espera.

Logré salir del aeropuerto con mis tres maletas. El morral enorme en la espalda, el morral pequeño donde llevaba el computador y el bolso donde traía otros libros. En la puerta me puse de pie y mire hacia un lado y hacia el otro y no parecía haber nadie buscando a una profesora rola. Saque mi celular para ver si podía llamar, pero no tenia señal. Esperé ahí de pie en modo derretimiento, y en contados minutos se acercó Raúl, mi primer amigo en Vaupés, un señor de unos 50 años quien me llevó a dejar la maleta en una tienda de pescado en la esquina del aeropuerto. Allí, conocí a Nelson, el director de ASATRIZY, Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas de la Zona de Yapú. Un señor de unos 40 años quien muy amablemente me recibió y le dijo a Raúl que me diera un tour por Mitú mientras salía el vuelo para Yapú a las 3pm.

El tour por Mitú lo hicimos en no mas de 10 minutos. Y Raúl tuvo que repetirlo para hacerlo más ameno. Pasamos por la oficina de ASATRIZY en donde estaba Emerson, hijo de Raúl, comunicador y publicista de la asociación. De allí salimos a almorzar,  Raúl me llevó a uno de los mejores hoteles de Mitú, en donde el almuerzo era una sopita, un pedazo de carne, arroz, ensalada de lechuga con tomate y una tajada de plátano frito, nada que envidiarle a los corrientazos bogotanos. Después del almuerzo, me llevo al río al frente del hotel, era el rio Yapú. Allí pasamos aproximadamente una hora esperando que llegaran las 2 de la tarde para que abrieran el supermercado para recoger algunos bultos de pollo, carne, harina y demás para llevar a Yapú en mi vuelo.
Raúl y yo en nuestro tour en moto por Mitú.
Entre la espera de los bultos y la espera del piloto nos dieron las cuatro y se acercaba una nube de gris oscuro con amenaza de fuerte lluvia.  Entre esto, cargaron mi avioncito con 40 galones de gasolina y unos 4 bultos de comida, que junto con mis 100kg ,que incluía a la profesora y su equipaje, completamos los 400kg que permitía el limite de peso de la avioneta.
El equipaje para 4 meses en la selva...

Me despedí de afán de Nelson, Raúl, Emerson y otro profesor de Yapú que viajaría días más adelante. Me subí a la avioneta con dificultad, no solo por el tamaño de la avioneta, sino por el mío y mi flexibilidad que no ayudaba mucho. El piloto se llama Pedro, un señor de unos 38 años, de una estatura metro y medio, muy jovial y buena persona. Pedro arrancó el avión, pero el viento se puso un poco violento y decidió esperar un poco. Nos bajamos de la avioneta y le dije que si podía tomar fotos mientras esperábamos que pasara el viento. Accedió y se tomó una foto conmigo, que a decir verdad debe ser un buen chiste un piloto bajito al lado de la profe grandota!

El Piloto y la Teacher
Escampamos un rato bajo el ala del avión, pero empezó a llover más duro y tuvimos que meternos en el cuarto donde se encontraba el único funcionario de la pista del aeropuerto de Yapú. Allí, esperamos unos 20 minutos en que llovió a cántaros y luego dejo de llover repentinamente y Pedro decidió arrancar. El vuelo era de 20 minutos, los primeros minutos estuvimos volando bajo la nube negra amenazante, con ráfagas de viento que generaban vacíos que solo he sentido en parques de diversiones en otros viajes un poco menos aventureros por allá en Estados Unidos. Pasados 5 a 10 minutos de vuelo de repente salimos de la nube negra y entramos a un día soleado con un tapete de selva espectacular y sin una gota de viento atormentador.
El único compañero de viaje...

La nube negra
Pedro y yo sobre volando la selva.
La alfombra más fina del mundo.
Sobre volamos la selva y Pedro me iba mostrando otras poblaciones que podíamos ver desde la avioneta. Después nos acercábamos a Yapú, que parecía de muy pocas casitas y una pista de aterrizaje.

Al lado de la pista se veían varias personas esperando el aterrizaje de la avioneta que traía consigo un buen mercado y la nueva profesora rola. Todo era sorpresa! No sé quienes estaban mas sorprendido si los nativos o yo! Me saludaron como si me conocieran de antes y les diera mucho gusto conocerme. Fue increíble ese recibimiento, niños, mujeres, hombres, adolescentes, todos eran muy amables conmigo! Todos querían ayudarme con algo.  Jorge cargó mi maleta hasta mi cuarto.
La comunidad de Yapú a la espera de la avioneta.
Jorge llevando mi maleta :) Gracias!
Ahí conocí a Gladys, una indígena del Guainía, es una mujer que sonríe todo el tiempo, y su sonrisa es naturaleza pura! Es una mujer con el alma transparente y una energía contagiosa. Ella me enseñó todo a mi alrededor, todo lugar por donde pasara, Gladys tenía que enseñarme que era y porque estaba allí. Los salones, la biblioteca, el salón de computo, la oficina del rector, los baños, los cuartos de los niños internos en el colegio, y los cuartos de las niñas internas en el colegio.

El Colegio San Francisco de Yapu
ASATRIZY, es una institución educativa que reúne varios estudiantes de 7 diferentes tribus indígenas de los alrededores. Debido a la lejanía de las tribus, los niños son internos en el colegio durante su periodo académico, pero ellos pueden viajar a sus comunidades en los fines de semana o puentes según cuan lejos se encuentren de su comunidad, pues algunas de estas se encuentran a cuatro días de caminata y no es factible para ir durante un fin de semana.
Gladys me llevó a mi cuartico, se encuentra en una edificación de madera de 2 pisos, especial para los etonoeducadores que como yo trabajan para la comunidad y enseñan en el colegio.  

Casa de Etnoeducadores
Corredor del segundo piso

Mi Habitación
Mi cuarto de 4x9 metros, cuenta con una mesa y un estante de varios compartimientos para guardar la ropa. Gladys me entregó la llave, deje mi equipaje allí, luego me dirigió al comedor, me presentó a los demás etnoeducadores y tuve mi primera cena de frijoles, arroz y un trozo de carne un poco dura pero muy rica. Allí conocí a Carolina, una etnoeducadora de Bogotá, quien desde el principio se esmeró por ayudarme en mi adaptación al lugar y con quien por obvias razones sentimos mucha empatía y buena compañía.






















Luego de la cena, a las 7pm tuve una reunión con el rector del colegio, el señor Paulo Uribe, quien me dio una breve introducción al programa etnoeducativo Majirike, el cual consiste en una educación de tradiciones indígenas complementada con una educación occidental, de la cual yo hago parte importante. Pues mi labor en ASATRIZY es la enseñanza de química y física en grados décimo y once, y de inglés en los grados séptimo, octavo, décimo y once.


La luz eléctrica esta encendida desde las 6pm hasta las 8pm. Tiempo en el cual debía organizar mi maleta, tender la cama, comunicarme con Bogotá (padres, hermana y novio), ir al baño y empijamarme. Así que tuve que arreglármelas para hacer todo muy rápido y lo logré, supongo! Pues no pude responder todas las preguntas de mi mamá y no hable lo suficiente con Daniel. Pero logré  revisar debajo de la cama y detalladamente por todas partes de mi cuarto para poder dormir tranquila. 

Objetivo que no cumplí a cabalidad puesto que el pasador de adentro de mi cuarto que cerraba la puerta no aseguraba la puerta. Prácticamente dormí con la puerta abierta, y a cada rato durante la noche abría un ojo para ver si la puerta continuaba cerrada. Hubo un momento en que sonó algo duro y pensé que alguien había abierto mi puerta y mi corazón salto de repente y tuvo que pasar un buen tiempo para volver mi pulso a su normalidad.

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